Y
recuerdo hoy entre suspiros la plegaria primera que te ofrecí.
Hay franqueza,
sentir el respirar en el movimiento acompasado de un pecho ajeno es más que
cordialidad.
Quitar las armaduras es difícil cuando ya nos hemos acostumbrado a llevarlas puestas.
Y sí, quiero ser mantequilla, ablandarme con el calor humano, derretirme de vez en cuando y poder untarme en ti.
Quitar las armaduras es difícil cuando ya nos hemos acostumbrado a llevarlas puestas.
Y sí, quiero ser mantequilla, ablandarme con el calor humano, derretirme de vez en cuando y poder untarme en ti.
Hoy
la distancia y el exilio han consumido todos nuestros aceites, intentamos
resbalar en el otro y solo provocamos heridas de fricción.
Siempre
busqué el calor de tu cuerpo y hoy obtengo tus reproches congelados.
En
mi alma ya hay suficientes marcas, en mi corazón, suficiente dicha y en mi
cuerpo sólo la certeza de esperarte hasta que hayas recobrado la llama que
habrá de derretirme.
Para
engrudos, viscosidades y lamentos, no me encuentro.
Didi
Soto
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