Estuve a punto de contarte mis cuentos eternos, nombrarte
fuente de inspiración inagotable, pedirte matrimonio más allá del entendimiento
común; hasta que abriste la boca vomitando toda la miérda de indecisión y miedo
con la que yo nada tengo que ver y con la que te empeñas en mezclarme.
Me llevaste a preguntarme
por qué me he relacionado con hombres tan diminutos, tan mediocres… Y
por qué habría de querer un hombre al lado mío pudiendo tener toda la belleza y la magia que lleva una mujer
por el sólo hecho de serlo.
Berenice Pinzón
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