De rodillas exigiendo un poco de maltrato, suplicando besos que quemaran
ardorosamente tus labios, anhelando caricias para salar tus heridas y poder
entonces expiar tus culpas, las mías y las del mundo con tu dolor.
Cuando llegas de rodillas estas dispuesto a cambiarle el nombre al amor,
la mirada al ser amado y las intenciones al verdugo.
Sé que aquellos besos no mitigaron tus ganas, sé que ni todas las
caricias sucias pudieron saciar tu deseo, sé que para erguirte necesitabas más
escarnio que el de mi lujuria posesiva y pecadora.
También se ahora que las rodillas resisten más que los pies y las
voluntades.
Didi Soto
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