miércoles, 6 de mayo de 2015

Ajena

Como la flor que pende de su rama; 
tan hermosa, tan efímera. La cual pese a tu contemplación siquiera se perturba, ella sigue ahí, luciendo esplendorosa no solamente para tu ojos, sino para cuantos sepan apreciar y honrar  la belleza misma. 
En esa misma condición hermética se aprisionó a su cuerpo y a su sonrisa, sabiéndose tan vacía y tan deseada.
Cubrió de cristales blindados su espacio, su alma y su conciencia; Se  enclaustró así misma en un disfraz de cuadro de museo, con las luces dirigidas, intencionadas y apropiadas para sólo dejar ver su ángulo más bello, intocable, inalcanzable.
Ridículamente inasequible.


Didi Soto

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