miércoles, 6 de mayo de 2015

Descaro

Y sí, hay todos los días un roce que me hace imaginarme tendida en una cama, en un piso frío, en una mesa de trabajo atiborrada de enseres o un rincón inexplorado con gotas y chorros de deseo.
Perdona si te ofende que una mujer describa su pulso ardiente con sus inquietos dedos y su coño humedecido. Todo sería más sencillo si el falocentrismo no nos hubiera negado históricamente el impulso de ser amadas, en la piel, en el sexo, en el alma y hasta en la neurona.


Didi Soto

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