Y sí, hay todos los días un roce que me hace imaginarme
tendida en una cama, en un piso frío, en una mesa de trabajo atiborrada de
enseres o un rincón inexplorado con gotas y chorros de deseo.
Perdona si te ofende que una mujer describa su pulso
ardiente con sus inquietos dedos y su coño humedecido. Todo sería más sencillo
si el falocentrismo no nos hubiera negado históricamente el impulso de ser
amadas, en la piel, en el sexo, en el alma y hasta en la neurona.
Didi Soto
No hay comentarios:
Publicar un comentario