Me cuelo en tu espacio, te dejo en tu desorden aparente.
Tan blanca, tan lineal, tan proveedora.
Me aclaro que sería capaz de recorrerte cada centímetro de
piel. Me lo impiden, claro, las heridas que cargo, las que cargas tú, tan
parecidas que vibran al mismo ritmo aunque con otro color.
Y nos surge la pregunta al mismo tiempo
¿Pueden los orgasmos no ser intensos?
Tengo mis respuestas, escucho las tuyas, no creo en ninguna.
Y surge una conclusión.
Para las caricias, la intelectualidad y el placer, no hay
tiempo. En esto último estoy completamente de acuerdo.
Berenice Pinzón
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