La misión primera es que abras mi cuerpo a placer y sin
aviso, porque pido a gritos que lo hagas sin siquiera haberte visto. Explorando
lento como animal sigiloso hasta provocar mis humedades que te conduzcan a
desbocarte. Firme, contundente, poderoso.
Sentirte tan fuerte y tan profundo que no logres fácilmente salir
de mí, por hallarte atrapado entre lo que te guarda.
La misión última es sembrar en ti el deseo de hacerlo de
nuevo.
Berenice Pinzón
No hay comentarios:
Publicar un comentario